IGLESIA


La iglesia somos todos y cada uno de nosotros, que conformamos un solo cuerpo, una sola iglesia, la iglesia de Cristo. Conforme a la responsabilidad y contribución o servicio de cada quien, la iglesia se va fortaleciendo cada vez mejor, siempre y cuando cada miembro de este cuerpo cumpla su debida función correctamente, sin que su trabajo perjudique a las demás partes, trabajando todos por un solo objetivo “ Imitar a Cristo, anunciar su mensaje y trabajar por su reino”.

Todos debemos trabajar unidos, sin competencia ni rivalidad, cuando una parte del cuerpo falle, las demás deben esforzarse para que el cuerpo no desmaye y así mantenerlo fuerte y firme mientras ésta parte que ha fallado se recupera normalmente y siga cumpliendo su función unida a todas.

Ninguna parte de este cuerpo debe querer sobresalir, pues al final terminará perdiendo, sólo sobresalen aquellas partes que su defecto sea sobresalir.

Abro paréntesis y digo: Hay muchas personas que discriminan a los demás por sus defectos, apariencia física o comportamiento, sin saber que éstas también forman parte del cuerpo; cierro paréntesis. Sí, todos somos un solo y la palabra de Dios en este caso lo explica mejor, en 1 de Corintios capítulo 12 del versículo 12 al 27:

“El cuerpo humano aunque esté formado por muchos miembros, es un solo cuerpo. Así también cristo. Y de la misma manera todos nosotros, judíos o no judíos, esclavos o libres, fuimos bautizados para formar un solo cuerpo por medio de un solo espíritu; y a todos se nos dio a beber de ese mismo espíritu.

Un cuerpo no se compone de un solo miembro sino de muchos. Si el pie dijera: como no soy mano no soy del cuerpo, no por eso dejaría de ser del cuerpo. Y si la oreja dijera: como no soy ojo no soy del cuerpo, no por eso dejaría de ser del cuerpo. Si todo el cuerpo fuero ojo no podríamos oír. Y si todo el cuerpo fuera oído no podríamos oler. Pero Dios ha puesto cada miembro del cuerpo en el sitio que mejor le pareció. Si todo fuera un solo miembro no habría cuerpo. Lo cierto es que, aunque son muchos los miembros, el cuerpo solo es uno.

El ojo no puede decirle a la mano: no te necesito; ni la cabeza puede decirle a los pies: no los necesito. Al contrario, los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los que más se necesitan; y los miembros del cuerpo que menos estimamos, son los que vestimos con más cuidado. Y los miembros que consideramos menos presentables, son los que tratamos con más modestia. Lo cual no es necesario hacer con los miembros más presentables.

Dios arregló el cuerpo de tal manera que los miembros menos estimados, reciban más honor, para que no haya desunión en el cuerpo, sino que cada miembro del cuerpo se preocupe por los otros. Si un miembro del cuerpo sufre, todos los demás sufren también; y si un miembro del cuerpo recibe atención especial, todos los demás comparten su alegría.

Pues bien ustedes son el cuerpo de Cristo, y cada uno de ustedes es un miembro con su función particular”…

 

¿Para qué ver la basura que tiene otra persona en sus ojos, si cuando nos acercamos a un espejo no podemos ver nuestro reflejo?
Es en la humildad donde está la clave de todo, es la humildad la llave para abrir la puerta de la santidad. Qué fácil es leer y entender el mandamiento nuevo que nos dejó Jesús “ama a tu prójimo como a ti mismo” pero qué difícil es ponerlo en práctica.

No se trata de ser el más importante o el más bueno de todos, se trata de ser mejor persona y ayudar al mismo tiempo a que los demás lo sean también; al fin y al cabo nadie es más importante que nadie puesto que todos tenemos el mismo valor ante los ojos de Dios.

El mundo fuera otro si no fuéramos tan egoístas...


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